Autobiografía y reflexiones sobre la inteligencia

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El escritor que murió hace más o menos un mes y exactamente hace doce años escribió una autobiografía en dos tomos, “En la memoria todavía verde” en el año 1979 y “En la alegría todavía sentida” de 1980.

“Isaac Asimov: Memorias” se publicó dos años después de su muerte y es la tercera autobiografía del científico con el epílogo escrito por Janet Asimov, su mujer. Ella misma se dedicó a resumir los tres tomos de la autobiografía de su marido y publicó en el año 2002 “Ha sido una buena vida”.

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La queja que suele tener la gente cuando lee los primeros dos tomos de la autobiografía del científico era que había demasiados detalles pero se centraba poco en su persona. El volumen de “Isaac Asimov: Memorias” fue mucho más aceptado. Él sabía que llegaba al final de su vida y quizás necesitaba justificarse explicando todas las relaciones con las personas que pasaron por su vida.

Reflexiones sobre la inteligencia

Recuerda cuando le hicieron los test para entrar en el ejército sacó 160 de coeficiente mental. La media está en 100 por lo que todo el mundo hizo un gran alboroto con ello. De todas formas explica en tono de burla que eso no le sirvió para al día siguiente trabajar en las cocinas cumpliendo su deber.

Para él ese índice no indica nada ya que esos test están hechos por personas con un determinado perfil y solamente obtienen resultados brillantes otras personas que tienen un perfil similar al suyo.

Asimov pensaba que su mecánico no debería obtener más de 80 puntos si realizara ese tipo de test y no le consideraba muy inteligente. El mecánico le contó un chiste: “Doc, un chico sordomudo  entró en una ferretería a pedir unos clavos. Puso dos dedos juntos sobre el mostrador y luego hizo un movimiento de martillar con la otra mano. El empleado le trajo un martillo. Sacudió la cabeza y señaló a los dos dedos que estaba martillando. El empleado le trajo los clavos. Escogió el tamaño que quería, y se fue. Bueno, doctor, el siguiente tipo que entró fue un ciego. Quería tijeras. ¿Cómo cree que le preguntó por ellas?”

El escritor hizo el gesto de cortar algo con las tijeras y cuál fue su sorpresa cuando el mecánico dijo: “Él usó su voz y pidió por unas tijeras… pero estaba seguro de que Ud. caería en la trampa… Porque eres tan educado, doc, que sabía que no podría ser muy inteligente”

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